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PSIKEBA
Revista de Psicoanalisis y estudios culturales.

 

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La página se abre en su contenido como una triple conjugación que anuda el psicoanálisis, la crítica del arte y los recursos de investigación filosófica, presentada por excelentes imágenes.
Este número analiza a la Posmodernidad desde una lucida crítica cultural.
En las lecturas de Adolfo Vásquez Rocca, Roberto Follari, Jorge Ballario, Daniel Larsen Roberto Balagres Prestes, Daniel López Salort , Gabriela Cocimano y Rosa Aksenchuk, se van deslizando textos sobre un pensar la posmodernidad en donde las categorías de la alteridad están definidas por la seducción y el simulacro, en tanto que como rescate apocalíptico la voz del psicoanálisis hace frente a la cybercultura de la sociedad voyerista posmoderna.
“El desafío de la diferencia, que constituye al sujeto especularmente, siempre a partir de un otro que nos seduce o al que seducimos, al que miramos y por el que somos vistos, hace que el solitario voyeurista ocupe el lugar del antiguo seductor apasionado. Somos, en este sentido, ser para otros y no sólo por la teatralidad propia de la vida social, sino porque la mirada del otro nos constituye, en ella y por ella nos reconocemos. La constitución de nuestra identidad tiene lugar desde la alteridad, desde la mirada del otro que me objetiva, que me convierte en espectáculo”.
El arte ha dado magníficos exponentes con tendencias a esta práctica parafílica: Salvador Dalí, Picasso, el marqués de Sade. El cine, arte voyeurista por excelencia, también inmortalizó obras que describen estas prácticas: Alfred Hitchcock, Kieslowsky, Brian de Palma han fisgoneado a través de una ventana para descubrir escenas eróticas o inquietantes. En varios filmes de Luis Buñuel, Federico Fellini o Pier Paolo Pasolini aparecen esos rasgos acentuados.
En el umbral de una nueva herida narcisista, de la fogoneada inminente muerte del psicoanálisis, de su supuesta agonía, éste se enfrenta con numerosos interrogantes ligados a la profunda y creciente transformación producida por la cultura posmoderna, sin perder la brújula de centrar al sujeto en su singularidad. Aún así, no es menos cierta la patética tendencia del afincamiento del goce en el hablante, al ser el hombre invadido por la actual coyuntura histórica y quedar funcionando como maquinarias, como seres digitales, binarios.
Así, en medio de la lucha entre los apocalípticos y los integrados, de los cosmopolitas y los fundamentalistas, frente al proceso de globalización actual, de la era del vacío, la voz del psiconanálisis se lanza como un sonido capaz de ir más allá de la descripción o de la aventura ficticia.
En la globalización neoliberal, tienden a desaparecer de la realidad visible los aspectos y matices de la subjetividad humana, los que reaparecerían en forma sintomática. En este régimen se alentaría implícitamente una uniformización en lo esencial (pensamiento único, fin de las ideologías, el dinero como valor supremo), para relajar al máximo el terreno de las apariencias, es decir fomentar una especie de “aparente libertad” (modas estrafalarias, conductas y costumbres –solitarias o grupales– excéntricas, etc.). Pero los síntomas que constituyen parte de esa realidad no visible, y que son cada vez más intrincados –en consonancia con lo abarcador y la creciente complejidad del saber científico–, marcarían nuevamente la diferencia. Aunque el arsenal médico que los espera promueva otra vez la unificación.
La ironía posmoderna, el bastardeo imaginario, el holocausto mental neoliberal, instalados como cybercultura, no operan meramente como una re-presentación aristotélica de algo exterior a sí, sino que establecen sus propias situaciones porque crean simulaciones interactivas donde lo digital no tiene género, es comunicación no-corporal, es simulación del cuerpo y de las sensaciones; al espacio recibido por la especie humana hemos agregado otro espacio: uno que no es tal sino que lo simula a la vez que se aleja de lo que copia.
El tecnofundamentalismo transgrede límites, y transmuta el objeto en lo objetual, lo real en lo virtual, lo vital en lo digital . Este reinado de la más cruda impermanencia temporal y del espacio sin cuerpo, refuerza paradójicamente una masiva adhesión a éticas hedonistas y subjetivas, como desesperada reacción ante lo no-natural.
De manera que lo posmoderno no es “lo contrario” de lo moderno, sino su rebasamiento. Es la modernidad misma que invierte sus modalidades y efectos culturales. El descrédito de la razón, la ciencia y la técnica no ha surgido de una “negación simple” de estas, sino de su concreción histórico-factual, de su realización.