Al idearse el Taller de Escritura “Abrapalabra” buscábamos apelar a aquellos núcleos sanos que se mantuvieran indemnes en los pacientes, pese
El periodismo y el psicoanálisis viven de hacer preguntas. No obstante, en los tiempos que corren – literalmente - parece que las respuestas que encuentran son diametralmente opuestas. Desde hace unos años se escucha y se lee en los medios masivos de comunicación locales una insistencia relacionada con una supuesta muerte de, según el caso, las teorías freudianas, el psicoanálisis, la relectura hecha por Lacan y su orientación. Argumentan, en general, la lentitud de los tratamientos, que la mejoría no es inmediata, la molesta neutralidad de los analistas (que se niegan sistemáticamente a abrazar tiernamente a sus pacientes y enseñarles lo que deben hacer con sus vidas), y sobre todo, pecado mortal, que no puede justificarse como ciencia. Que se trate de una ética parece no revestir la menor importancia. Así, el psicoanálisis, no cierra. Y efectivamente es así porque el psicoanálisis se caracteriza por dejar libre el camino hacia la subjetividad, no por cerrarlo.
Se preguntan, además, por la curiosa circunstancia de que sean Francia y Argentina los únicos países que mantienen continuadores de las teorías psicoanalíticas. Cabe preguntarse: ¿Serán únicamente los terapeutas franceses y argentinos los que sostienen el interés en las enseñanzas de Freud y Lacan o será otro argumento para abonar la idea de que el psicoanálisis está desapareciendo por obsoleto? ¿Pueden tantos miles de profesionales adherir a un paradigma que, además de exigir una formación constante, su propio análisis y una supervisión sistematizada, no produjera efectos saludables en la dirección de la cura de cada paciente? El tema es que la cura, en psicoanálisis, está basada en el deseo que habita en cada sujeto y no en su adaptación sin mayores cuestionamientos al medio que lo rodea.
La sociedad posmoderna exige resultados rápidos, satisfacciones instantáneas, curas eficaces y rentables, consumo sin medida, superficialidad flotante. Y los medios de comunicación no escapan a esas coordenadas. Sabido es que corresponden, en diferentes proporciones, a intereses editoriales que, a su vez, se remiten a intereses políticos. Entonces se encuentran medios que responden a multinacionales más interesadas en hacer florecer el jardín de las patologías de moda (como por ejemplo el “panic attack”, el “burn out” , etc.) que le posibiliten regarlo con fertilizante medicación que apaciguará al consumidor sin incómodos planteos sobre qué tuvo que ver él con el problema que lo aquejaba – y que seguramente lo volverá a aquejar en cuanto le falte el antídoto - y verán en el psicoanálisis un enemigo subversivo al que buscan disfrazar de inoperante, lento y, por supuesto, pasado de moda.
Si la angustia la experimentó el primer hombre y la experimentará el último, ¿cuál es el apuro y la finalidad de taparla? Probablemente quitarle a cada uno la posibilidad de ver como lidia con ella desde su singularidad y arrasar así su rasgo humano haciéndolo desaparecer bajo una clasificación cientificista que lo nomine como un puñado de caracteres programados desde el ADN. Por delante de la resolución de los problemas concretos del paciente, el psicoanálisis apuesta a que surja allí un sujeto que se apropie de su deseo y de ese modo quede en condiciones de responsabilizarse y elegir sus propias soluciones, sin standars. Claro que esa apuesta lleva un tiempo, un esfuerzo y un trabajo que hoy no gozan de buena prensa.
No obstante, el resto de los medios, aunque posiblemente menos comprometidos económicamente con el sistema, también caen, en mayor o menor medida, en la tentación de la superficialidad y simplifican la cuestión preguntando si sirve Lacan, si Freud ha muerto o si ha vuelto a resucitar, según cuan negras sean las últimas páginas escritas refiriéndose al psicoanálisis. En todos los casos, conviene preguntarse: ¿Quién lo dice? ¿Desde qué lugar lo dice? ¿Cómo argumenta lo que dice? para no que quedar atrapados en la banalidad de adherir a cualquier guión escrito para la ocasión.-
*Mirta C. González
Periodista – Psicoanalista
mcgonzalez@psi.uba.ar