Podemos observar, sobre todo en los últimos años, una gran cantidad de material escrito sobre discapacidad con diferentes enfoques. También nos vemos frente a una multiplicación de espacios, nomenclaturas y una creciente oferta de tratamientos. Son múltiples las determinaciones que atraviesan este campo y dan cuenta de cuán complejos y arduos se convierten los intentos de delimitación, en relación a recortar un objeto de estudio.
El objetivo del trabajo de Ernesto Lentini intenta describir las concepciones sobre la discapacidad mental sustentadas en el discurso médico-psiquiátrico, y como a su vez este sostiene las gestiones tanto en la terapéutica como a nivel institucional. Permite salir de la ingenuidad y naturalización de ciertas categorías en relación a la discapacidad mental, y de sus consecuencias directas en los recursos que se vehiculizan desde lo político y social, y del abordaje que se realiza a partir de los modos de construcción y simbolización de las mismas.
Es interesante seguir el recorrido que nos propone el autor, por el cual se devela y se pueden identificar supuestos acerca del sujeto, de los procesos de salud y enfermedad, y la función social que desempeña el saber de la ciencia. Poder analizar la materialidad de este discurso, como una práctica constituyente y legislativa, que de su descripción también fija su concepción de lo que debería ser la sociedad y el lugar que las instituciones deben ocupar.
Se instaura así un orden de regularidad en la experiencia social de lo que promueve y de lo que prescribe, de lo que define pragmáticamente a partir de las verdades que genera. Esto no solo en relación a la discapacidad mental, sino también a la idea de normalidad que impulsa.
Lentini recorta el lapso entre los años 60 y 70, para poder interrogar e “iluminar” continuidades y discontinuidades del discurso en relación a la actualidad, como así también la valoración de la razón, con un orden normalizante y homogéneo, tomando a la inteligencia como instancia de demarcación y al desarrollo mental normal como horizonte a alcanzar. Todo lo demás es una desviación y debe ser preservado.
No se trata de demonizar la psiquiatría, sino de visualizar que valora, que promueve y cómo delimita también los lugares que otras prácticas pueden ocupar en el contexto social. El libro nos muestra como estos lineamientos impactan y recortan la vida cotidiana de quienes portan estas marcas, Como se “desemboca en una construcción objetualizante” que dirige su mirada al déficit, al trastorno, a lo que no funciona, y plantea desde allí, solo como consecuencia de esta posición, una cosmovisión que margina y condena, que medicaliza estigmatizando, borrando lo singular, lo subjetivo y aquello que puede ser del orden de la creación. La riqueza de las citas y de la bibliografía ofrecida, invitan a pensar cuál es el alcance del discurso médico psiquiátrico en otras prácticas y en relación a otras categorías tan difundidas en nuestra época que también toman al déficit y a la medicación como el atajo más transitado.
* Psicoanalista. gabuperalta@hotmail.com