Ir sin amor por la vida es como ir sin estrella por el mar, como ir al combate sin música, como emprender un viaje sin un libro.
Stendhal
Comencemos con Freud: (…) Los poetas están atados a la condición de obtener un placer intelectual y estético, así como determinados efectos de sentimiento, y por eso no pueden figurar tal cual el material de la realidad, sino que deben aislar fragmentos de ella, disolver nexos perturbadores, atemperar el conjunto y sustituir lo que falta. (…)
El subrayado es nuestro con el objeto de comenzar el tema desde el mismo Sigmund Freud, aunque nuestro recorrido será desde la perspectiva lacaniana, es un pasaje obligado y tributario a sus primeras y agudas observaciones.
Lo inherente
El amor es un tema recurrente en todos los seres parlantes, toma las formas más sutiles hasta las más grotescas, desde un delicado poema hasta una burda telenovela. A través del tiempo demuestra, -y seguirá haciéndolo- que es un tema que no cesa de no inscribirse, siempre se transforma, pero reaparece -a pesar de la ciencia-, tiene memoria de lo que no acontecerá. Abundantes bibliografías, profesiones, revistas, películas, canciones, etc. siempre lo rodean buscando una explicación acerca de una verdad sobre el amor, pero es “algo” que insiste sin resolución, siempre nos interrogará y nuestras respuestas serán recursos fallidos pues es un real; de allí tanta insistencia, cada cual tiene un trámite propio, el suyo, con su síntoma y hasta donde pueda con cada quien, también como síntoma.
Del amor en la clínica
Los relatos, discursos del paciente, siempre arrastran consigo sus ideales, imposibles siempre, que transcriben el argumento del síntoma. El amor es uno de ellos, no como síntoma sino como argumentos de un ideal. Lograr que esos relatos de victimización se plasmen en ideas de vida como el argumento filosófico que sostiene el goce-sentido en el fantasma del paciente será nuestro trabajo como analistas y también el testimonio del padecimiento de sus síntomas. En definitiva, todos portamos nuestra propia “filosofía de vida” para lo cotidiano, un argumento fantasmático para intentar abordar lo real. Es decir, lo incontestable de la vida.
Recordemos, desde la perspectiva lacaniana, que el psicoanálisis es una clínica de lo real, de lo imposible, y esa es nuestra orientación. Las ideas del amor son semblantes llenos de sentidos que se desparraman gnómicamente hacia una red que nos devuelven al vacío de lo real. (Es por eso que no debemos crecer en esa dirección, y justifica el silencio en sesión, la interpretación, el corte en el momento justo, y la sesión breve).
Estar vivo traduce el sentido imposible de alcanzar un objeto sin importar su materialidad, plasmado en la palabra felicidad. Cuando el hablanteser se enamora aspira siempre a un objeto inalcanzable, y en esto cada quien tiene su estrategia, su yugo y su condena. Los flashes de felicidad o los señuelos de esos testimonios los procura el cuerpo, un único lugar de resonancia de nuestro goce, pues el pensamiento está al servicio del cuerpo, y no a la inversa. Porque hablamos y hacemos uso de la palabra ya fundamos lo imposible de gozar plenamente en la felicidad, todas ideas fantasmáticas que sostienen a los seres parlantes, siempre en falta. Gozamos hablando y haciendo. Volvemos una y otra vez como el Ave Fénix que renace e insiste, como la pulsión cuyo objeto es ella misma dibujando el contorno -siempre evanescente- de lo real. La clínica psicoanalítica cotidiana avala estas afirmaciones de repetición, en discurso, acto, inhibiciones, síntomas y angustias.
Lo real
Es nuestro orientador inexcusable en la clínica psicoanalítica. Jacques Lacan lo ha recortado de distintas maneras a lo largo de su obra, pero más allá de definiciones –aún imposible sobre este mismo concepto- lo podemos decir simplemente: se de lo que se trata, pero no podría explicarlo, algo me tira para atrás. Hay algo a lo que no puedo, ni podré acceder.
Lacan define lo real de muchas formas y es un concepto que evoluciona en su enseñanza, pero que tiene su mayor punto de elaboración en su segunda clínica, en especial en los Seminario El sinthome y L´insu…; el trabajo de la clínica analítica siempre estuvo orientado por este concepto de real pero lo articula, al final de su obra con una marcada preponderancia. El punto de mi partida es de la frase del Seminario 24: “el amor es vacío”, conjugado con otras elaboraciones en su obra sobre el tema del amor.
Definámoslo, -ahora más teóricamente-: lo real es imposible de simbolizar, de capturarlo, apenas podremos acceder a trozos. Mucha de nuestra práctica inicial se ha basado en esta ilusión a través de considerar al inconsciente como historia y no como aquel que sostiene un real importado del síntoma. Y se hubo –y hay- creer que en la historia del paciente se rescata la verdad, pero solamente se alcanzan efectos y en especial cuando la relación con ella está mediatizada por el saber. Lo cual no deja de ser un espejismo sobre lo real, pues “lo verdadero” depende de la creencia y esta se formula con pensamiento en una red de sentidos crecientes.
La palabra es materialmente insuficiente para lo real, pues entre la verdad y lo real está lo imposible, un límite de toda conexión entre ambas. Lo real no tiene existencia como tal, por lo cual se trata de un término que no existe respecto a lo simbólico, “eso” que no está inscripto en lo real no existe, siempre está suspenso de ex-sistencia. Por eso insiste, porque es un afuera que retorna pero externamente del dominio de la simbolización. Lo real no espera nada de la palabra. La verdad no entra el lo real, es a la inversa, lo real es lo verdadero porque lo invade de imposible, es lo irreductible de lo verdadero.
Con estos elementos podemos avanzar sobre el tema del amor como un real hacia lo real del amor.
el amor es mucho más que sí mismo
La misma palabra “amor” (no el amor) es un rodeo de lo real, como tal, pero el amor, no tiene estatuto cuando fracasa siempre como entidad concreta. El inconsciente no cesa de escribir lo que no cesa de no escribirse. Ese es el real del hablanteser. Siempre confirmando que no hay relación sexual posible, lo imposible de reconocer. Hay guiones imaginarios como los mitos que comandas el amor de un sujeto, un hablanteser heredero de discursos prehistóricos familiares que tiende a repetirlos, desconociéndolos. Así el síntoma viene de lo real, un efecto de lo simbólico en lo real, por lo cual el inconsciente responde al síntoma. El síntoma hace trabajar al inconsciente. El síntoma es el inconsciente pasado a lo real, no cesa nunca de inscribirse. Siempre suple la ausencia de una relación sexual inscriptible. Entonces, no hay sujeto sin síntoma, y el partenaire –la pareja- mismo viene a ese lugar en el amor.
modalidades del amor
Existen tantos modelos como seres humanos hay en el mundo, y en cada modalidad hay un fracaso que trae en esencia la no relación sexual, o la imposibilidad de ser Uno fundido en el Otro.
La relación narcisista con el semejante es la experiencia fundamental del desarrollo imaginario en el ser humano nos dice Lacan (…) es de entrada en otro, más avanzado, más perfecto que él, donde el sujeto se ve. (Mito individual del neurótico) Por eso confirma Stendhal que el amor, es un egoísmo exaltado: es amarse uno en otro
Es allí donde el sujeto hace valer su propia inscripción de goce en el inconsciente, su primera marca a repetir, de esta forma inviste al objeto de amor. Una investidura decretada por la propia castración provocando una transferencia al objeto “amado” su valor de goce, de esta forma su partenaire sustituye el goce del sujeto mismo. No obstante ese objeto debe lucir invisiblemente el sello que lleva el inconsciente del sujeto enamorado. Freud dirá: no hay tanto afectos inconscientes como hay representaciones inconscientes (…) De esta forma, por ejemplo, la mujer transporta los signos del enigma que los une construyendo una sintonía sintomática. Lacan dirá al respecto: ”lo real que, por no poder sino mentir al partenaire, se inscribe como neurosis” (Televisión). Si sobre gustos no hay nada escrito dice el refrán, la mujer muestra como el hombre, superando elementos imaginarios de la belleza, hace que el sujeto goce de su inconsciente. Hay una coacción inopinada, perceptible al encuentro y generalmente contradictoria con las opciones del propio sujeto. Veamos como lo dice Freud: (…) una pulsión nunca puede pasar a ser objeto de la conciencia; sólo puede serlo la representación que es su representante (…) Si la pulsión no se adhiriera a una representación ni saliera a la luz como un estado afectivo, nada podríamos saber de ella (…)
Recordemos, por ejemplo, el “amor cortes”, ese que evita la humillación del cuerpo con la desnudez (primer escalón de la humillación), se acabaron los semblantes de la palabra y uno debe poner el goce en acción, y -precisamente- es lo que evita este tipo de amor. Es la humillación de la entrega, del despojo de los semblantes de la ropa, de mostrarse sin mediaciones de ofrecerse como objeto al goce del otro, sin envases ni envolturas. Así, el “amor cortes” disyunta el sentido del deseo y el vacío del amor y permanece en la contemplación de la verdad como goce creyendo que posee ese objeto en su distancia.
En el amor se juega la más bella de todas las ideas: la verdad. Un señuelo que lo real descoloca en su insistencia y lo suplanta sin respuesta con un nuevo fracaso.
Ante un cuerpo bello deben desplegarse los más bellos discursos, el chamuyo, la ficción de la palabra siempre mentirosa que fabrica semblantes de sentido para constituir su objeto. Pero esos cuerpos bellos anidan otra verdad: sostiene el goce del partenaire que los comparte, un secreto que lo real mantiene para cada uno.
La mirada, ese objeto a que Lacan pudo separar entre el ojo y el objeto, juega su papel decisivo en estas cuestiones del amor, también las otras versiones, como la voz, etc. O ese rasgo único (unario, porque es del Otro) que nos engancha sin explicaciones de superficie. Bien dice Stendhal: el amor es como la fiebre: brota y crece contra nuestra voluntad.
Con la dialéctica platónica se conjuga el imaginario del amor: belleza, justicia y bien. Dinamiza el amor, le concede movimiento a la idea del amor, produce relaciones sexuales, contratos, posesiones, casamientos, hijos, casas, automóviles, etc. Se metaforiza en su propia dinámica con el objeto secreto de alcanzar la idea de felicidad, siempre en huida. Actos que testimonian la idea platónica de lo apolíneo como ideal, racional del amor, y lo dionisíaco de la materializad en movimiento que da lugar a los semblantes del discursos y su construcción material en obras y dones en homenajes al partenaire amado.
La otra cara de la verdad –en el amor- produce degradación erótica, la verdad de lo real detiene las palabras del amor, es disyunto, donde hay verdad no hay amor, por eso el amor necesita palabras para construirse como ficción.
El amor, poseído por una divinidad, se conduce enajenado. Esa divinidad es el resto tomado del otro en forma parcial y metaforizado con “la mentira del amor”. Una locura necesaria para ser conducido a los brazos de la belleza y la verdad en el Otro.
Como en el romanticismo, el amor aniquila al amante, lo trastorna y lo ata (el amor muere y mata). Morir de amor o matar por amor, una idea romántica en dónde el amor expresa su locura, muestra que es una ciencia sin conciencia. Produce una ficción de felicidad sin saber que es efímera y vacía en su contenido fundamental.
De esta forma, el síntoma puesto en movimiento, en su singularidad en la pareja es lo que afirma la ligadura entre el sujeto y su goce que suple el déficit de la relación sexual inexistente. Así, estamos condenados por la mentira del amor.
La pregunta es ¿cómo salir de semejante trampa que iguala la potencia de la misma muerte?, en definitiva el amor continúa siendo la compensación a la muerte, otro real inevitable y al cual un hablanteser se queda sin palabras.
Si lo real del amor no habla porque no tiene una respuesta, lo simbólico sí, habla mucho, pero sólo para mentir con la palabra, mientras lo imaginario siempre se equivoca porque ve e interpreta y se ornamenta en sus plumas de colores con su error, pero, sepámoslo o no, en el amor se trata de evitar de vaciar, de recortar la evidencia de la mentira. El esplendor de un yo sé que me amas tiene conciencia de un saber, pero también de no cambiar, de allí su insistencia.
el hombre y la mujer en el amor: la pareja-síntoma (partenaire-síntoma)
La pareja circula por una afinidad siempre débil, algo ante lo cual cualquier conceptualización racionalista del amor fracasa. Pero el hombre y la mujer aman de distintas formas, ocupan posiciones disímiles, con consecuencias diferentes, pues la posición del hablanteser frente al falo (Φ) es distinto para el lugar femenino o masculino, es el falo (Φ) el que determina su posición.
El falo es el regulador del goce del parlêtre, (sujeto hablante + cuerpo) frente a él la economía libidinal funciona de diferente manera.
La pareja-síntoma del hombre tiene la forma de fetiche (si en el amor el hombre es dar lo que no tiene, también es lógico que articule una defensa permanente con el fetiche) que su fantasía impone a su pareja, mientras que el parlêtre femenino tiene la forma erotomaníaca como cuestión del amor. La mujer necesita que le hablen y la amen. El amor está tejido en su goce leguajero y se modela con los fantasmas de cada uno. El parlêtre femenino impone a su pareja una forma distinta de lo ilimitado de su goce y eso se abre al infinito porque no hay objeto posible.
En este caso, el fantasma es el mediador entre el significante y el goce; y el síntoma escribe una relación mucho más directa entre el significante y el goce, pues no se puede definir aquel sin este. El significante como tal se refiere al cuerpo y esta referencia se hace en la modalidad del síntoma, un real semejante a la mítica pulsión freudiana, y lo que toca el cuerpo es el síntoma.
Entonces, hablar, amar y gozar. Para amar es necesario hablar y al hacerlo mostramos nuestra falta en ser y para gozar es preciso amar
De esta forma, el amor en la pareja es una alta probabilidad de lo improbable. Un vacío que se completa con semblantes haciendo soportable la falta de sentido en la vida y engañando nuestra falta en ser. Estamos condenados, como seres humanos a ese sueño, de no despertar de nuestros semblantes que crean permanentemente sentido para vivir con nuestro sinthome, ese síntoma singular construido por cada uno y en el cual debemos sostenernos a lo largo de toda nuestra existencia.
Y en toda pareja debemos preguntarnos ¿Cuál es su goce de acuerdo a su partenaire-síntoma?, ¿Con qué goza esta pareja? Pues recordemos que ese Otro funciona como medio de goce, como modo de gozar y facilitador de mi valor de goce.
Nadie puede ser reprochado, cada cual goza a su manera, de la forma que puede, es decir hace con su vida lo que su historia corporal le permite, y esto es lo que se juega en el amor de pareja, cada uno de los partenaires, sin saberlo están atravesados por los semblantes que dan sentido a una vida y desde allí se edifican.
el amor en el postmodernismo (un fugaz recorrido)
En El malestar de la cultura Freud señala que implica una renuncia de goce (lo pulsional) en cada época, en forma distinta. Esto hace que se produzcan variaciones en la sexualidad de las parejas moviéndose a fronteras más inciertas pues lo pulsional no puede ser dominado por lo cultural (el sexo, HIV y las drogas son un buen ejemplo de las distintas modalidades de goce estragantes para los cuerpos).
Cada goce de los parlêtre s muestra que hay inconstancia y precariedad en el deseo amoroso demostrando que la sexualidad de las parejas se ordena dentro de cada época en cada sociedad que construye sus propias fronteras.
El amor en la postmodernidad conserva su esencia y ha trasmutado sus formas. Hay otras meneras, otros semblantes propios de esta época que nos toca transitar en la vida. En apariencia son débiles, sin mucho compromiso, lábil, pero en el fondo se sostiene lo real del amor que produce lo que más arriba intento ensayar con este escrito. Tampoco podemos hablar de un sujeto postmodernos, es un tema muy abarcativo que se va recortando en la medida que se transita, y estas son sólo suposiciones ambiciosas por el momento. Cierto es que las sociedades están más rodeadas de ideales producidos por las imágenes, la urgencia, la violencia, etc. que generan más futilidad para vida cotidiana y más control sobre las conductas sociales. En medio de todo esto las relaciones de parejas serpentean y recortan en menores tiempos de compromisos, mayores imágenes de perfección corporal, más gadgets (la subjetividad y la producción se desarrollan en esferas independientes) para vivir, las promesas de la ciencia, sexualidades ocasionales y las suplementaciones químicas (fármacos, drogas, alcohol). Destaquemos que esto no es una crítica, sino una descripción muy parcial de lo cotidiano.
Reflexiones finales
Pero, ¿qué hace a la insistencia del amor?
El hombre se enamora porque tiene conciencia desventurada y el amor muestra la estructura de ficción porque es un real, es vacío, y sobre él se construyen vidas que transcurren gozando, engañados para poder resolver el vacío de vivir.
Como comienzo, el amor tiene la palabra: se construye de palabras. Es su fatal comienzo, la creación de un semblante sobre el que nada hay, sobre lo real.
Considero al amor como un real porque es un desencuentro y siempre ex–sistirá a cada hablanterser y se dirige en contrapelo a toda sofocación cultural en las subjetividades que arman su goce-sentido en cada encuentro perdurable o no. Es un real porque el tiempo mismo de la historia demostró la inconsistencia de las sofocaciones, ya sea en vías de matrimonio, noviazgo o lo que sea. Cada sujeto goza en su pareja como construye su propia novela neurótica y eso no está reglado por ninguna sociedad pues se filtra por los bordes de lo imposible.
En el amor, en definitiva se enloquece y se muere por uno mismo, aunque se crea que es por el Otro, este es el sesgo narcisista más importante que detenta, cualquier cosa que ataque o amenace esos ideales que el imaginario sostiene se traduce como indiferencia, abandono o desprecio. Si el amor parte del narcisismo, una la herida resulta insoportable pues esa energía, ese goce mismo se vuelve sobre el mismo protagonista produciendo estragos. Allí vemos al partenaire como un alma bella que se ensimisma sobre su propio goce a partir del cuerpo del Otro. Esto hace que la pareja-síntoma siempre sea endeble en el “amor” pues al partir del narcisismo todo está en peligro de pérdida. El amor es confusión, incluye el error, la apariencia y el prestigio imaginario del propio sujeto.
Es en el amor en dónde mejor puede verse lo real del cuerpo cuando el eco de las palabras resuenan en él y produce los estragos de la fascinación de el ser uno de dos.
El riesgo del amor siempre será creer pues los puntos suspensivo de todo síntoma se completan con ese “saber” de una verdad en lugar donde tendría que advenir un descifrado, muy frecuente en la posición masculina respecto a la mujer y se ubica al amor como un mensaje de verdad por parte del Otro-mujer, olvidando que la castración está puesta en juego en ese origen de verdad.
La palabra de verdad no es una palabra de amor, la lengua demuestra que amor y verdad no están separados. Pero ¿Cómo distanciar al amor de la palabra como seres hablantes?, ¿Cómo desvestir de palabras al amor?, ¿Cómo -en el caso de una mujer- dejar el “¿por qué ella sí y yo no?”, ¿Cómo -en el caso del hombre- correr el fetiche que representa su goce en ella?
Bibliografía consultada
•Seminario 22. RSI, Jacques Lacan
•Seminario 23. El Sinthome. Jacques Lacan. Ed. Paidós.
•Seminario 24. L´insu…
•Lo inconsciente. (1915). Sigmund Freud. Tomo XIV. Amorrortu Editores
•Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre (Contribuciones a la psicología del amor, I). (1910). Sigmund Freud. Tomo XI. Amorrortu Editores
•El partenaire-síntoma. Jacques Alain-Miller, Ed. Paidós
•El último Lacan. Jaques Alain-Miller, inédito.
•La experiencia de lo real en la clínica psicoanalítica. Jacques Alain-Miller, Ed. Paidós
•Lógicas de la vida amorosa. Jacques Alain-Miller. Manantial
•Posmodernidad. Esther Díaz. Editorial Biblos
•Infidelidades en la pareja. Autores varios. Lugar Editorial
•El amor en el psicoanálisis. Autores varios. Simposio del Campo Freudiano (1990)
•Perversión y vida amorosa 2. Autores varios. Fundación del Campo Freudiano. (1990). Manantial
•¿Amar a su síntoma?, Colette Soler
•Lo que Lacan dijo de las mujeres. Colette Soler. Ed. Paidós.
•Del amor. Stendhal. Editorial Edaf
* Psicoanalista, docente, director del Periódico El Øtro Psi, miembro de Talleres Clínicos de Buenos Aires, concurrente de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL)
** Este artículo tiene una referencia anterior del año 1995, desde otra perspectiva, “Breve ensayo psicoanalítico acerca de la singularidad y la ilusión en el amor”, los interesados pueden consultar en el blog del autor: http://www.psicomen.blogspot.com
Para comentarios y opiniones: mendezjoseh@gmail.com